La bisexualidad es la orientación más numerosa dentro del colectivo LGBTIQ+, pero también una de las menos visibles y peor comprendidas. Esta falta de reconocimiento tiene un efecto directo sobre la salud mental de las personas bisexuales, que presentan tasas de ansiedad e ideación suicida muy superiores a las de otros grupos.
Con motivo del Día de la Visibilidad Bisexual, el 23 de septiembre, repasamos qué dice la evidencia científica sobre esta realidad y por qué hablar de ella es también una cuestión de salud pública.
Bisexualidad: el grupo más numeroso y el más invisibilizado del colectivo
Dentro de las siglas LGBTIQ+ se da una paradoja: la bisexualidad representa al grupo más numeroso de la comunidad, pero suele ser el menos comprendido. A menudo se asume, de forma errónea, que las personas bisexuales tienen cierta ventaja social por su proximidad a la norma heterosexual.
Los datos no confirman esa idea. Distintas investigaciones muestran que hay más personas bisexuales que gays y lesbianas combinadas, y que esta identidad es especialmente frecuente entre las generaciones más jóvenes. Aun así, esta población se enfrenta a barreras sociales y a una falta de visibilidad que afecta de forma directa a su bienestar.
Existe también una brecha de género relevante: el 8,4% de las mujeres adolescentes se identifican como bisexuales, frente al 1,5% de los hombres adolescentes. Esto indica que, en el caso de los hombres, el estigma y las presiones de género suponen una barrera más rígida para la autoidentificación.
Por otro lado, la atracción y el comportamiento bisexual suelen ser más frecuentes que la identidad declarada abiertamente. Por presión del entorno, muchas personas optan por etiquetas alternativas o evitan definir su identidad de forma pública.
¿Por qué afecta tanto el estrés de minorías la salud mental de las personas bisexuales?
El impacto sobre la salud mental no depende de la orientación sexual en sí, sino del entorno hostil que genera el estigma. El Modelo de Estrés de Minorías explica cómo el prejuicio sostenido en el tiempo va deteriorando el bienestar emocional.
Aunque no se dispone de datos recientes, algunos estudios sitúan en 1,3 el promedio diario de microagresiones que experimentan las personas bisexuales. Estos episodios, aunque puntualmente parezcan menores, se relacionan con niveles más altos de ansiedad. Mientras que la ideación suicida en personas monosexuales se sitúa entre el 3% y el 4%, en la población bisexual esta cifra alcanza el 18,5%. Este riesgo está vinculado a la discriminación y al rechazo, que en muchos casos proviene del entorno cercano, incluida la familia.
A esto se suma la binegatividad: un tipo de prejuicio que no procede únicamente del entorno heterosexual, sino también de la propia comunidad gay y lésbica. Esto puede generar en las personas bisexuales la sensación de no pertenecer del todo a ningún grupo, con efecto directo sobre sus relaciones dentro y fuera del colectivo. Además, estereotipos como la «inestabilidad» o la «promiscuidad» alimentan además la binegatividad internalizada, un proceso por el que la propia persona termina cuestionando la validez de su identidad.
Otro factor relevante es el borrado bisexual (bi-erasure): la tendencia a asumir la orientación de alguien únicamente en función del género de su pareja actual. Esta práctica invisibiliza la identidad real de la persona y la empuja hacia una lectura monosexual constante de su vida afectiva.
Día de la Visibilidad Bisexual: qué papel juega en la salud mental
El 23 de septiembre se celebra el Día de la Visibilidad Bisexual, una fecha dedicada a reconocer que una persona puede sentirse atraída, emocional o sexualmente, tanto por personas de su mismo sexo como del género opuesto.
Visibilizar la bisexualidad no es solo un gesto simbólico: es también una forma concreta de intervenir sobre los factores que afectan a la salud mental de este colectivo, al reducir el estigma y la sensación de aislamiento que describen los estudios citados anteriormente.
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¡Hola! Soy Margarita Bornadiego, psicóloga en Málaga (nº colegiada AO 14390), graduada en Psicología por la UOC y con Máster en Psicología General Sanitaria por la UNIE. Cuenta además con formación de postgrado en Sexualidad y Terapia de Pareja (UMA) y es Experta Universitaria en Psicooncología (UCAM).
Trabajo desde un enfoque integrador, adaptado a las necesidades de cada persona, con la escucha, la empatía y el respeto como pilares principales. Me apasiona acompañar a cada paciente a entender el origen de su malestar —sea ansiedad, tristeza o bloqueo— y a encontrar las herramientas adecuadas para gestionarlo. Conóceme mejor aquí.